La prisión
donostiarra de Martutene se convierte en galería de
arte cuando José Mari Moraza impregna las dependencias
penitenciarias con su obra y la comparte con los reclusos.
La muestra abarca un total de 200 obras colocadas
sobre cada una de las celdas, un gran mural, una instalación
permanente en el corazón del edificio que recrea una
máquina del tiempo y una exposición en el salón
de actos del centro. Además, el artista impartió entre
los internos talleres de pintura dos veces por semana, provocando
así un acercamiento y una comunicación entre
el arte y las personas que disfrutaron de estos talleres. |